Estas fueron las conclusiones de un trabajo de investigación publicado en la revista Human Reproduction y estudió, cómo es que los niveles altos de una enzima relacionada al estrés y que se llama alfa amilasa y una hormona llamada cortisol, afectaron el proceso de embarazo de un grupo de 400 mujeres.
Las edades de las mujeres oscilaban entre los 18 y los 40 años, estaban casadas o en una relación con compromiso. Ninguna de ellas tenía un historial de infertilidad y todas habían dejado de usar anticonceptivos con intención de lograr un embarazo. Se rastreó a cada mujer durante un año.