¿Qué pasa en nuestro cerebro cuando estamos en Babia –Babilonia, absortos en nuestros pensamientos?
Disociarse significa desconectar la mente del cuerpo, reducir la capacidad reflexiva durante un momento y dirigirse hacia algún lugar donde la imaginación nos lleve. Es una experiencia cotidiana. Estar distraído, alejado de la realidad, ajeno a lo que está pasando durante un momento no sólo no es negativo, sino que favorece unos momentos de descanso para la mente pensante, siempre y cuando, este viaje a Babia sea una escapada breve y su regreso se haga de manera voluntaria.

La experiencia más positiva de estas disociaciones es la llamada experiencia de 'flow', fluir, donde la conexión entre nosotros mismos y lo que estamos haciendo es tan fuerte que el entorno pasa a un segundo plano y el tiempo se desliza sin darnos cuenta.
¿Recuerdas alguna ocasión en la que estabas tan embelesado en tu tarea o en la conversación que después de una hora tu creías que habían pasado sólo cinco minutos?
Nuestro cerebro tiene dos sistemas de funcionamiento, según el psicólogo Daniel Kahneman. Uno lento, racional que sirve para reflexionar y que sigue las sendas cerebrales marcadas, pero que requiere mucha energía para funcionar. El otro sistema es el del pensamiento rápido, emocional, irreflexivo, muy automatizado, lleno de atajos rápidos -los llamados heurísticos- que nos llevan a tomar decisiones sin demasiada premeditación (es también la sede de la creatividad o de la intuición).
Según Kahneman, el sistema lento es eficaz pero perezoso, por lo que, muchas veces, el sistema rápido toma las riendas y nos lleva a ensoñar, buscar nuevas ideas, marcharnos a Matrix o a Yupendi.