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La exposición nocturna a la luz azul, emitida por aparatos electrónicos y luces altamente eficientes (Leds), es perjudicial para la salud.
Hasta la invención de la luz artificial, el sol era la principal fuente de iluminación y las personas pasaban las noches en una relativa oscuridad. Actualmente, en buena parte del planeta, las noches son iluminadas y fácilmente accedemos a todos esos lúmenes como si siempre hubieran existido.
Quizás estemos pagando un precio por toda esa luz de la que disfrutamos. En las noches, esa luz descontrola al reloj biológico del organismo – el ciclo circadiano. El sueño sufre. Peor aún, la investigación demuestra que puede contribuir a las causas de cáncer, diabetes, enfermedad cardiaca y obesidad.
Pero no todos los colores de la longitud de onda tienen el mismo efecto. Las ondas azules – que son las benéficas durante el día porque incrementan la atención, los tiempos de reacción y el humor – parecen ser las más disruptivas durante la noche. Y la proliferación de aparatos electrónicos con pantallas, así como la iluminación altamente eficiente, están incrementando nuestra exposición a las longitudes de onda azules, especialmente después de la puesta del sol.